15 septiembre '06
Toda una vida cultivando un ser, más que un objetivo ha sido una filosofía. Aprovechar cada situación para aprender, crecer, mejorar, evolucionar.
No intento, ni quiero compararme con nadie más, ya que los años me han enseñado que cada uno de nosotros crece a su ritmo, en diferentes aspectos y con fines tan diversos como flores hay. Por ello, entiendo que el único punto con el cual puedo intentar compararme se encuentra en mí mismo.
Así dicho, considero que las circunstancias de mi existencia y una actitud adoptada hace ya varios sino muchos años me han permitido evolucionar, crecer y ser una mejor persona, de lo que solía ser.
Hoy quisiera poder compartir mi ser con ustedes, permitir que me conozcan, que sepan que aunque a menudo me equivoco, es muy difícil hallar una mala intención en mí. Quisiera que sepan que mi vida gira en torno al Amor, a la amistad y a la incondicionalidad. Que en mis ojos no hay desprecio, que mis manos no saben hacer puños, que mi corazón es tan sensible que aunque quisiera vivir en público – el escenario le aterroriza.
Solo quiero una oportunidad, un momento para que podamos ser nosotros mismos, un espacio para que me conozcan y ojalá me acepten. Quisiera compartir aquellas cosas que me mueven el alma; un atardecer, la música trova, la luz de una vela, el frío de las montañas y las lágrimas. Que me vean y comprendan de donde vengo, que mis intenciones no son más que sonreir y crecer, y que sueño con un mundo de tolerancia, de apoyo, de sinceridad – de hermanos.
Pero, hoy día cuesta que alguien te regale más de un segundo de imparcialidad, sin que te juzguen, te clasifiquen y crean que te conocen o peor, que te entienden. Por ello, mi mayor deseo es lograr algún día poder mostrar todo lo que he logrado ser, en ese segundo de imparcialidad que me dan. Para que no me juzgues más que por lo que, con mucho trabajo, lágrimas y esfuerzo, he logrado ser.
Rodolfo Carrillo M.
Saturday, October 07, 2006
Tuesday, October 03, 2006
¿Dónde está la esperanza? (Madrid, 11-M)
12 marzo '04
He aquí el producto de estar en Madrid el 11 de marzo...
Dedicadatoria: A todos aquellos que a través de la historia han dado sus vidas para llenarnos de esperanza.
Ayer, 11 de marzo del 2004 amanecí ante la terrible noticia de un atentado terrorista a menos de 3 kilómetros de donde vivo. Llanto, sangre, dolor y muerte, inundaban las calles y llegaban a mis ojos a través de imágenes que se transmitían por televisión. Sentimientos de tristeza, incertidumbre, inseguridad e ira corrieron por todo mi cuerpo. Por mi cabeza pasaron preguntas como: ¿Quién podría idear algo así? ¿Cómo es esto posible? ¿En qué cabeza cabe una idea tan terriblemente fría y despiadada? ¿A dónde ha llegado este mundo?
Ayer creí que el mundo estaba perdido. Ayer vi que existen personas que no tienen sentimientos, que no saben vivir en sociedad. Una lágrima corría por mi mejilla, y con ella se iba la esperanza de una vida mejor. Mis sueños se opacaron, el mañana se nubló y se me hizo muy difícil imaginarme la posibilidad de que seamos felices. Ayer pensé que el mundo está lleno de gente sin escrúpulos; que las personas son malas por naturaleza, y que habemos muy pocos con quien se puede convivir y en quienes se puede confiar.
Ciento noventa y nueve, si… ¡Ciento noventa y nueve! Tal vez más de las personas que realmente llegue a conocer a profundidad en toda mi vida. Esa es la cantidad de personas que perdieron su vida Ayer. ¡Más de mil cuatrocientos! Esa la cantidad de heridos, Ayer. Probablemente, más nombres de los que podría nombrar si tuviera que hacer una lista de todos los nombres que conozco. En definitiva, hubiera podido perder a toda mi familia y todos mis amigos, más muchos desconocidos, en un solo instante.
Ayer perdí la esperanza, y lloré… Creí que nunca podría volver a imaginarme un mañana mejor.
Amanecí hoy, un poco turbado por todos los eventos del día anterior. Sabiendo que la vida continúa y aunque no tenga muchas esperanzas, hay que seguir viviendo. Intenté recuperar mi rutina diaria, y emprendí las tareas cotidianas. Todavía con dolor, seguía mirando la televisión, los reportajes, las entrevistas a los familiares de los fallecidos. Con el estomago aún revuelto tuve que almorzar. Un día lluvioso, nublado, triste… como si el mundo supiera que ayer se perdió la esperanza de un nuevo Sol. Como si la naturaleza nos dijera que hemos llegado al tope, que no habrá más futuro. Llegaron así las 6 de la tarde y volví a la televisión, para seguir torturando mi alma con las imágenes de dolor y pena, en miras de terminar de vaciar hasta la última gota de esperanza que quedara.
A las 7 de la tarde, el Presidente Aznar había convocado a una manifestación contra el terrorismo. A eso de las 6, empezó a llegar la gente a la Plaza de Colón, punto de inicio de la manifestación. Grupos de personas empezaron a manifestarse; poco a poco esos grupos se convirtieron en cientos. Pasaron los minutos, y las tomas hacían parecer como si hubiera mucha gente en las calles. Pensé; ¡claro, si la televisión hace ver las cosas más grandes! Y conforme se acercaban las 7 esos cientos se convirtieron en miles. Y así inició la marcha, hacía el sitio del desastre, Atocha.
Avanzando lentamente, podía ver en las imágenes que más y más gente se unía a la manifestación. Tomas aéreas mostraban que esos miles se extendían a lo largo de las calles de la ciudad. Cientos de miles de paraguas que coreaban ante el mundo un ¡NO AL TERRORISMO! Mis ojos no podían creerlo… ¿Cuánta gente había? Los comentaristas mencionaban datos de otras ciudades en España. Quinientos mil en Zaragoza, seiscientos mil en Sevilla, un millón doscientos mil en Barcelona, pero los entes oficiales se rehusaban a calcular el número en Madrid. Ingresaban noticias de todo el mundo: doscientos reunidos en Trafalgar Square en Londres, cincuenta mil en Bruselas. Reportes de aglutinamientos de personas frente a las embajadas de España en todas partes del mundo. ¡Todo el globo se unía a la manifestación! ¡Increíble! Acá en Madrid, personas de todo el mundo marchando lado a lado, en perfecto orden, coreando contra el terrorismo; mostrando sus rostros y las palmas de sus manos en son de lucha desarmada ante esta terrible amenaza.
Mares de paraguas inundando las calles de la ciudad, una imagen indescriptible. Cifras oficiales: dos millones trescientas mil almas en una sola ciudad gritando por la paz. Esas personas cantando y avanzando hacia el lugar del terrible suceso con la frente en alto. Miradas determinadas y pacíficas, llenas de esperanza.
Hoy, dos millones trescientas mil personas me han devuelto la esperanza. Hoy, esas almas que contra frío y lluvia decidieron manifestarse, me han demostrado que somos más, los buenos de corazón; que se puede cambiar el mundo, y no hacen falta bombas ni misiles para lograrlo. No necesitamos ejércitos armados, ni tanques… Solo necesitamos una causa común, un líder que nos convoque y almas valientes que estén dispuestas a enfrentar el frío y la lluvia para lograr su cometido.
Más de seis millones de personas en las calles de toda España, han gritado al mundo, con la cara al viento y sus manos en alto: ¡ETA escucha, ASÍ ES COMO SE LUCHA! ¡Sí, así es como se lucha! Con ideales claros y justos, con valores arraigados en el corazón, con las manos libres y dispuestas a trabajar, pero sobre todo con aquello que Ayer perdí y Hoy más de once millones de almas me devolvieron… con Esperanza.
Gracias a todos los que Hoy se han manifestado, por que han demostrado al mundo el valor de la determinación. Gracias a aquellos que luchan día a día por un mundo mejor. A los que ceden el paso a los peatones, a los que abren las puertas a las personas mayores. A los que sonríen y dicen por favor y gracias. Y sobre todo Gracias de todo corazón, por permitirme ser Hoy lo que dejé de ser Ayer, una persona más con Esperanza y creyente en un Mundo de Paz y Amor.
Rodolfo Carrillo M.
He aquí el producto de estar en Madrid el 11 de marzo...
Dedicadatoria: A todos aquellos que a través de la historia han dado sus vidas para llenarnos de esperanza.
Ayer, 11 de marzo del 2004 amanecí ante la terrible noticia de un atentado terrorista a menos de 3 kilómetros de donde vivo. Llanto, sangre, dolor y muerte, inundaban las calles y llegaban a mis ojos a través de imágenes que se transmitían por televisión. Sentimientos de tristeza, incertidumbre, inseguridad e ira corrieron por todo mi cuerpo. Por mi cabeza pasaron preguntas como: ¿Quién podría idear algo así? ¿Cómo es esto posible? ¿En qué cabeza cabe una idea tan terriblemente fría y despiadada? ¿A dónde ha llegado este mundo?
Ayer creí que el mundo estaba perdido. Ayer vi que existen personas que no tienen sentimientos, que no saben vivir en sociedad. Una lágrima corría por mi mejilla, y con ella se iba la esperanza de una vida mejor. Mis sueños se opacaron, el mañana se nubló y se me hizo muy difícil imaginarme la posibilidad de que seamos felices. Ayer pensé que el mundo está lleno de gente sin escrúpulos; que las personas son malas por naturaleza, y que habemos muy pocos con quien se puede convivir y en quienes se puede confiar.
Ciento noventa y nueve, si… ¡Ciento noventa y nueve! Tal vez más de las personas que realmente llegue a conocer a profundidad en toda mi vida. Esa es la cantidad de personas que perdieron su vida Ayer. ¡Más de mil cuatrocientos! Esa la cantidad de heridos, Ayer. Probablemente, más nombres de los que podría nombrar si tuviera que hacer una lista de todos los nombres que conozco. En definitiva, hubiera podido perder a toda mi familia y todos mis amigos, más muchos desconocidos, en un solo instante.
Ayer perdí la esperanza, y lloré… Creí que nunca podría volver a imaginarme un mañana mejor.
Amanecí hoy, un poco turbado por todos los eventos del día anterior. Sabiendo que la vida continúa y aunque no tenga muchas esperanzas, hay que seguir viviendo. Intenté recuperar mi rutina diaria, y emprendí las tareas cotidianas. Todavía con dolor, seguía mirando la televisión, los reportajes, las entrevistas a los familiares de los fallecidos. Con el estomago aún revuelto tuve que almorzar. Un día lluvioso, nublado, triste… como si el mundo supiera que ayer se perdió la esperanza de un nuevo Sol. Como si la naturaleza nos dijera que hemos llegado al tope, que no habrá más futuro. Llegaron así las 6 de la tarde y volví a la televisión, para seguir torturando mi alma con las imágenes de dolor y pena, en miras de terminar de vaciar hasta la última gota de esperanza que quedara.
A las 7 de la tarde, el Presidente Aznar había convocado a una manifestación contra el terrorismo. A eso de las 6, empezó a llegar la gente a la Plaza de Colón, punto de inicio de la manifestación. Grupos de personas empezaron a manifestarse; poco a poco esos grupos se convirtieron en cientos. Pasaron los minutos, y las tomas hacían parecer como si hubiera mucha gente en las calles. Pensé; ¡claro, si la televisión hace ver las cosas más grandes! Y conforme se acercaban las 7 esos cientos se convirtieron en miles. Y así inició la marcha, hacía el sitio del desastre, Atocha.
Avanzando lentamente, podía ver en las imágenes que más y más gente se unía a la manifestación. Tomas aéreas mostraban que esos miles se extendían a lo largo de las calles de la ciudad. Cientos de miles de paraguas que coreaban ante el mundo un ¡NO AL TERRORISMO! Mis ojos no podían creerlo… ¿Cuánta gente había? Los comentaristas mencionaban datos de otras ciudades en España. Quinientos mil en Zaragoza, seiscientos mil en Sevilla, un millón doscientos mil en Barcelona, pero los entes oficiales se rehusaban a calcular el número en Madrid. Ingresaban noticias de todo el mundo: doscientos reunidos en Trafalgar Square en Londres, cincuenta mil en Bruselas. Reportes de aglutinamientos de personas frente a las embajadas de España en todas partes del mundo. ¡Todo el globo se unía a la manifestación! ¡Increíble! Acá en Madrid, personas de todo el mundo marchando lado a lado, en perfecto orden, coreando contra el terrorismo; mostrando sus rostros y las palmas de sus manos en son de lucha desarmada ante esta terrible amenaza.
Mares de paraguas inundando las calles de la ciudad, una imagen indescriptible. Cifras oficiales: dos millones trescientas mil almas en una sola ciudad gritando por la paz. Esas personas cantando y avanzando hacia el lugar del terrible suceso con la frente en alto. Miradas determinadas y pacíficas, llenas de esperanza.
Hoy, dos millones trescientas mil personas me han devuelto la esperanza. Hoy, esas almas que contra frío y lluvia decidieron manifestarse, me han demostrado que somos más, los buenos de corazón; que se puede cambiar el mundo, y no hacen falta bombas ni misiles para lograrlo. No necesitamos ejércitos armados, ni tanques… Solo necesitamos una causa común, un líder que nos convoque y almas valientes que estén dispuestas a enfrentar el frío y la lluvia para lograr su cometido.
Más de seis millones de personas en las calles de toda España, han gritado al mundo, con la cara al viento y sus manos en alto: ¡ETA escucha, ASÍ ES COMO SE LUCHA! ¡Sí, así es como se lucha! Con ideales claros y justos, con valores arraigados en el corazón, con las manos libres y dispuestas a trabajar, pero sobre todo con aquello que Ayer perdí y Hoy más de once millones de almas me devolvieron… con Esperanza.
Gracias a todos los que Hoy se han manifestado, por que han demostrado al mundo el valor de la determinación. Gracias a aquellos que luchan día a día por un mundo mejor. A los que ceden el paso a los peatones, a los que abren las puertas a las personas mayores. A los que sonríen y dicen por favor y gracias. Y sobre todo Gracias de todo corazón, por permitirme ser Hoy lo que dejé de ser Ayer, una persona más con Esperanza y creyente en un Mundo de Paz y Amor.
Rodolfo Carrillo M.
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